4.9.14

5 Recuerdos de este verano

Siguiendo la propuesta de 39 Semanas(blog que leí durante mis 40+6 semanas y sigo leyendo) ahí van mis cinco recuerdos del verano. 


1 La pocha fugitiva.

Ésta es una anécdota que se ha quedado guardada desde hace un par de meses y que cuento ahora así, en plan “Confieso que”. El último jueves de junio, justo dos días antes de que naciera Zoe, estábamos cenando con los padres de Pablo en un restaurante de Pamplona (no voy a decir el nombre para evitar conflictos, que además vamos bastante). 

El caso es que pedí de postre juanillete (helado de vainilla, nata y chocolate caliente) y me encontré un intruso que no me esperaría nunca en un dulce: una pocha congelada. ¿Que cómo llegó una pocha ahí? Ni idea. Pensaba que era un trozo de escarcha. Ya ves tú. Vivir para ver. 


2 ¡Zoe ya está aquí! 

Vale, éste es el segundo en la línea temporal del verano, aunque si tuviera que establecer un top 5 de momentos de mi vida… Creedme que estaría igual o más alto. El 29 de junio de este año es una de esas fechas que ya no puede borrarse. 

Y este recuerdo empieza todavía en el día 28, a eso de las cuatro de la tarde, dejando atrás la comida en la mesa, lista para ser degustada y con perspectivas de volver en poco tiempo y mira… Unas doce horas más tarde nos convertíamos en una familia. 


3 La silla de la discordia. 

A finales de julio compramos una silla que con la acción de San Por Narices, entró en su correspondiente habitación gracias al ingenio de mi padre. La relación entre la anchura de puerta y el tamaño de la silla hacían de su entrada un parto difícil. Ese era el problema. 

Mi padre se pasó una tarde pensando cómo conseguir que la dichosa silla entrara casi a modo de tetris. El problema es que una vez conseguida la hazaña, volvió a dejarla en el pasillo. Cuando quiso demostrarnos que sí, que se podía, el pobre se había olvidado de cómo lo consiguió la primera vez. Todo hay que decirlo, tras mucho cachondeo y todavía más maniobras, pudo repetirlo. Por si acaso no volveremos a moverla de ahí nunca jamás. 


4 Los viejos amigos. 

Sin tenerlo previsto, un día apareces en un grupo de whatsapp con venti tantas personas y resulta que te invitan a una reunión de amigos del cole. Así es cómo se cocinó durante meses nuestra quedada de quintos del 84. 

Una de esas cosas que siempre mola, porque todos crecemos, cambiamos y casi siempre se termina perdiendo la pista los unos a los otros. Hubo muy buen rollo. Para mí fue la primera salida sin Zoe, dejándola con su padre (para ir a comer, ¿Eh? Tampoco os penséis…). Algún mensaje furtivo hubo para saber si se las apañaban bien, pero no me convertí en una drama mamá. 


5 Los pintxo potes y domingos de rabas. 

Si vivís en Pamplona o alrededores conoceréis la tradición del juevintxo (caña y pintxillo por un precio de risa todos los jueves). El pintxo pote viene a ser lo mismo. En nuestro caso, en las piscinas de Espronceda, que este año se crecieron cada viernes con un poteo que nada tiene que envidiar a cualquier bar de la parte vieja. Una excusa para socializar y disfrutar del calorcito (si es que lo hubo). Y para ponernos finos filipinos, todo hay que decirlo. 

Del domingo de rabas (o de bravas), os puedo decir que es nuestra carta de amor al vermuteo de toda la vida. Al final, por darle un poco más de notoriedad a tan magno evento, surgió este nombre en la cuadrilla. Llegamos al punto en que hasta surgió un meme… Y lo sabes.





26.8.14

Zoe

El pasado 29 de junio fue un día bonito. Uno de esos que se recuerdan. Una de esas raras ocasiones (y la historia empieza en realidad un poco antes) que comienzas siendo dos y terminas siendo tres. La ¿Culpable? se llama Zoe y ahora mismo reposa en su cuna después de que ayer tuviese un día largo. Le pusieron sus primeras vacunas.

Y la afirmación que tan lejos quedaba el pasado diciembre, cuando dimos la noticia a nuestras familias, es tan de verdad como los cinco dedos que tiene en sus dos manitas y sus dos pies: somos padres. Nuestra hija esta a punto de cumplir dos meses. Dos meses que comparados con los 58 que llevamos saliendo suenan a anecdotilla. Y junto a los 363 y 339 que llevamos nosotros dos dando vueltas por la tierra, no llega ni a suspiro. Contad las veces que podéis encajar esos dos meses en ventiocho y treinta años. Casi da risa. Pues la experiencia es tan fuerte, tan bonita, que no tardas ni un minuto en saber que tu vida se ha puesto patas arriba. Que desde ese instante eres otra persona: eres madre. Y eres padre.

¿Cosas que aprendes en menos de dos meses? Que el dolor se olvida muy rápido cuando eres feliz. Que los conceptos prisa y planes ya son muy relativos. Que las noches de ocho horas de sueño son una leyenda urbana. Que puedes distinguir el llanto de tu hija del de cualquier otro bebé sin dudarlo. Que el instinto se vuelve en tu mejor aliado. Y que sí, que es posible: puede caber tanta caca en un ser tan pequeño.

Cada día es una lección nueva. Con sus casi dos meses, Zoe mira al mundo con unos ojos grandes como platos desde su hamaquita. Se mueve. Se ríe y parlotea en ese idioma imposible que tienen los bebés. Y cuando llora, aunque nuestra hija se queje más bien poco, llora de verdad. Con buenos pulmones. Y añadiendo fichas de dos meses a este castillo de Lego, la veremos gatear y sentarse, decir sus primeras palabras... Crecer. Para que en algún momento, quizá en unos 360 meses, puede que ella misma piense todo ésto.


Dos meses y cada momento ha merecido la pena. Sin dudarlo. Zoe tiene un mundo por delante. Y nosotros una vida para ver cómo lo descubre.


(Fotos de Arturo Diluart)

27.2.14

Cucumelos around the world

La idea estuvo ahí desde el principio. Y la verdad es que poco a poco, lo que hace tres años sonaba a "bah, imposible" y "nadie se animará", ha tomado forma hasta convertirse en uno de los albumes con más vidilla de nuestro Facebook: los Cucumelos viajeros.


La cosa es tan fácil como irse de vacaciones y sacarse una foto con el logo de Cucumelo o algo que haga las veces de logo con un poco de imaginación (ahí mandáis vosotros). La última nos llegó hace muy poquito de parte de nuestra amiga María y entraba en este último saco... Y oye, ni tan mal!


Poco a poco, las chinchetas con las que señalar puntos en el mapa han ido aumentando y cada vez hay menos lugares que nos falten en la colección. Pero en sí, lo que mola no es eso, es que amigos, familia y alguna que otra bestia parda se acuerden de tí... Un poco como cuando te felicitan por tu cumpleaños sin que nadie interceda. Porque la gente se acuerda y no por un recordatorio en la agenda.

               Plaza de Tian'anmen, China

 Nueva York, EE.UU.

Cada foto nueva es una fiesta. Algunos ya lo habéis convertido en un hábito. ¿Al resto de vosotros? Sólo hace falta sonreir para salir guapos en la foto.


 Tánger, Marruecos

    Melbourne, Australia


 Auschwitz, Polonia
                 
                     Thailandia